viernes, junio 23, 2006

Requiem 1.b

Más del Requiem de Díaz Casanueva.


Alla muy lejos en el país de la montaña devoradora, veo unas lloronas de cabelleras trenzadas,
que escriben en las altas torres, me son familiares y amorosas, y parece que dijeran “unamos la sangre aciaga”.
¿Hacia donde caen los ramilletes? ¿Por qué componen los atavíos de los difuntos?
¿Quién enturbia las campanas como si alguien durmiera demasiado?
Aquí me hallo tan solo, las manos terriblemente juntas, como culebras asidas y todo se agranda en torno mío.
¿Acaso he de huir? ¿tomar la lancha que avanza como el sueño sobre las negras aguas? No es tiempo de huir, sino de leer los signos.
¡Como ronda el corpulento que unta la espada! Las ordenes horribles sale a cumplir.
De pronto escucho un grito en la noche sagrada, de mi casa lejana, como removidos sus cimientos,
Viene una luz cegada, una cierva herida se arrastra cojeando, sus pechos brillan como lunas, su leche llena el mundo lentamente.