jueves, abril 19, 2007

Resumen

El viaje a la playa estuvo maravilloso (con todas sus maravillosas letras). En cuanto pisamos suelo costero nuestros achaques, tensiones y caras largas desaparecieron.

La casa estaba rica y calentita, la camita esperaba hipnótica en su rinconcito, el mar cantaba alegre mientras nosotras retozábamos a la luz de una mañana de sol grisáceo.

Nos llevamos una grata sorpresa al enterarnos que una gatita que vive en el terreno tenia una hija IDENTICA a ella… les sacamos fotos juntas y les hicimos cariño, y no pudimos llegar a un consenso sobre cual de las dos era más regalona y rica.

No salimos mucho, yo estaba cansada y con ganas de regalonear en la camita calentita y como B me da en el gusto en todo lo que quiero, nos quedamos en casa toda una mañana comiendo galletas de soda con mantequilla y planeando nuestra futura vida en Cartagena (ilusiones, tiernas ilusiones).

La salida MÁS memorable de todas fue en la noche. Caminamos por la terraza y miramos desde diferentes ángulos *la mar encabritada chocando en contra las rocas (o las paredes). La bruma parecía un espectro con vida propia, y las olas muy grandes, con sus monstruosos gemidos nos asustaban. Creo que me reconcilié con *“la mar” en este viaje, ahora me parece increíble y majestuosa.

El lunes fue algo triste, por que teníamos que irnos y yo quería quedarme escondidita debajo de las mantas, en el hoyito de ese colchón setentero, pero finalmente salimos de la casa y volvimos Santiago felices de poder ver a nuestra Crista, a la Niza y Don Emilio que estuvieron content@s de vernos volver (se pegaron a nosotras para dormir).

* Insisto en que es LA mar… como los pescadores la llaman.