miércoles, abril 04, 2007

Retrato del deseo

Poros abiertos y vellos delgados, casi imperceptibles a ojos discretos, se convierten muy de a poco en matas más gruesas que pueblan el camino hacia la nuca. Piel que cubre por igual los indolentes huesos de ave mitológica, los músculos rojos y las terminaciones nerviosas. Pelos que se pegan por ratitos a la boca, dientes de extraño brillo nacarado que aparecen por arte de magia y terminan en el labio algo seco, algo rosáceo y frío a la vista.